Tu Historia




Esos accidentes que no existen

Ni bien llegamos a Buenos Aires, lo que más nos interesaba era conocer como era eso de andar en subte. Así que con los chicos iniciamos nuestro primer recorrido desde la estación de Constitución a Retiro. Recuerdo que no teníamos más de 15 años, y tampoco era muy tarde.
La cuestión es que mientras íbamos en el recorrido, las luces y las sobras subterráneas se nos mezclaban en los ojos. Para nosotros era algo nuevo y sorprendente, pero no era así para los otros. Tan anonadados íbamos que no nos dimos cuenta que al antes de llegar a la estación Retiro algo pasó.
Los pasajeros cansados y dormidos despertaron al oír gritos desesperados de gente y un fuerte impacto. Fueron segundos intensos. Descendimos todos horrorizados y sin entender nada, y el chofer con los ojos abiertos cargados de miedo y sorpresa a la vez. Justo antes de que el subte frenara una mujer se arrojó desde la plataforma hacia las vías, y el subte arrasó con su cuerpo.
Las personas aseguraron que la mujer estaba vestida de blanco, era rubia de pelo largo, pero que no había despertado las mínimas sospechas de que pudiera hacer algo. Sostenía en sus manos sólo un librito de tapa de cuero. Ya cuando estábamos más calmados y expectantes de saber qué había sido de la pobre mujer, descendieron médicos, bomberos, policías, curiosos…Pero la sangre y el corazón se nos paralizaron: …NO HABÍA NADA DE NADA… ni cuerpo, ni sangre ni rastros de nada, sólo un librito de cuero que después supimos, estaba lleno de poemas de amor.
Nada de nada se supo después de este caso, al parecer la mujer ni siquiera existía…aunque nos quedó un librito de prueba –que tampoco sabemos en manos de quién está ahora-.
La primera de nuestras experiencias en subtes fue paralizante, pero de todos modos hasta el día de hoy seguimos viajando a ver si podemos volver a presenciar un hecho como ese.
Qué tal? Habrá sido un fantasma? A ustedes alguna vez le pasó algo como eso?



Hospital

Tengo un amigo que es enfermero y trabaja en el hospital Ramos Mejía, ubicado en la calle Urquiza al 600. Me comentó que por el hospital circula una historia escalofriante de una enfermera fantasma…
Al principio, el hospital se situó en una serie de galpones que sirvieron como lugar de atención de enfermos durante la epidemia de cólera en 1868 y más tarde fue unos de los que atendió a los soldados heridos durante la Guerra de la Triple Alianza. En 1883 se inauguró formalmente.
Según me contaron, esta enfermera perteneció al primer grupo de enfermeras que trabajó en el hospital. Su nombre era María. Al parecer, su padre, médico de profesión y con un carácter muy estricto, la obligó a su hija a estudiar enfermera, cosa que ella odiaba, ya que su sueño era casarse y tener hijos.

Se comenta que la hija, cuando terminó sus estudios, juró vengarse de su padre, y una noche, estando de guardia, suministró cianuro a 10 internos, los cuales murieron instantáneamente.
Una vez detenida, cuando se le preguntó por qué había hecho eso, muy fríamente dijo que su padre la había obligado a hacerlo amenazándola de muerte si no lo hacía. Todos le creyeron y por esto, arrestaron a su padre, quien murió en la cárcel, víctima de las pestes, muy pobre, solo y enfermo, ya que todo su círculo familiar lo dejó completamente abandonado.
Se dice que un día esta enfermera se fue del hospital y no volvió nunca más. Algunos comentan que fue asesinada y luego decapitada.
Hoy en día, hay ocasiones en que las enfermeras del turno de la noche, al hacer guardia se han quedado dormidas, y precipitadamente las han despertado sintiendo un golpe con la palma de la mano en sus cabezas. Estas, al despertar, no ven a nadie a su alrededor, solo los largos y viejos pasillos, quietos en la mitad de la noche.
Algunas personas, que estuvieron internadas ahí, dicen que la vieron, pero que no se le puede ver el rostro, y atribuyen esto al modo en que murió.

Mi amigo mucho no cree esta historia pero yo sé que en las noches de guardia ¡¡ruega que no lo dejen solo en la sala de descanso!!

Links de las fotos:
http://sabiasesto.com/archives/2475/enfermerafantasma/
http://www.google.com.ar/search?um=1&hl=es&biw=1280&bih=624&tbm=isch&sa=1&q=hospital+ramos+mejia&aq=f&aqi=g4&aql=&oq=



¿Un castillo embrujado en Villa del Parque?

Los vecinos de Villa del Parque dicen que durante muchos años circuló por el barrio el mito de un castillo embrujado. Hoy por hoy, ya no se habla mucho del tema, sólo las generaciones pasadas, las generaciones de nuestros abuelos son los que muy rara vez suelen mencionarlo. Y así fue como me enteré yo, a través de mi abuelo.
La cuestión es que dicen que la hija de unos de los hombres más adinerados del barrio (algunos aseguran que era un conde), quería independizarse y por eso se iba a mudar a un gran castillo de la familia, ubicado en Campana y Tinogasta.  El día en que la joven cruzó la barrera para instalarse de una vez en su nuevo hogar, la atropelló el tren. Desde ese entonces se comenzó a decir que el castillo estaba embrujado y por ende, durante más de veinte años estuvo abandonado.
El neoliberalismo del menemato irrumpió en la creencia popular, aniquiló la brujería y hoy mantiene la fachada de castillo pero siendo lofts.



No he visto
Por R.W.

No podía ser verdad. Pero el tipo transmitía una realidad que aunque inaudita, requería atención y creencia. Hablaba rápido, sus palabras se le iban pisando, no se ordenaban en una cadena, no formaban una oración, más bien pintaban un collage desordenado, una mezcla que entre el olor a cigarrillo y los sorbos de café producía un particular sonido-ambiente en la cabeza, o más bien, un ambiente-sonido. El oficio del periodismo permite este tipo de desvíos. A fin de cuentas se trabaja con palabras y es recomendable salirse del registro predominante para encontrar en otras palabras algo para contar. Así que lo escuché.
“Es como caminar en el barro, ¿viste?, vas lo suficientemente despacio como para no embarrarte de más y acelerás para no seguir embarrándote. Es, como se dice, una paradoja. A mí me pasa eso, cualquier decisión que tome contribuye a lo mismo, haga lo que haga me voy a seguir embarrando”. Estaba desesperado. Me contaba que se sentía perseguido, que no lo podía soportar más, que inclusive sabiendo que nadie podía refutar sus verdades (sus mentiras), reconocía con dolor que daba lo mismo, porque a nadie le importaba. Pero mientras le importara a él, mientras tuviera que soportar en su conciencia la certeza de que toda su vida, su distinción superflua pero eficaz, se sustentaba en una mentira, no podría perdonarse.
 Los hechos aquí no importan tanto como su descripción. Un incendio deslumbrante, fantástico, la obra descomunal de un demiurgo, media hora de llamas irreproducibles, seductoras y atrayentes. Mi confidente, joven él, bravucón y propenso a la heroicidad, se acercó al espectáculo junto a los tempranos curiosos. Se arremangó, se pavoneó de su pronta hazaña y arremetió contra las llamas para rescatar al sobreviviente que, como en cualquier historia de éstas, debería estar resistiendo. Primero el calor, luego el humo sofocante, luego el inesperado estallido de un vidrio, luego el miedo.
Una visión, la insoportable presencia de una criatura ajena a lo permitido en el mundo anterior al incendio, depositó frente a sí al niño que nadie hubiera pensado que pudiera haber sobrevivido. Sólo tuvo que tomarlo, sacarlo del fuego y entregarlo a quien correspondiera. Las loas gratificantes no borraron la visión, pero qué hubiera logrado él atribuyendo su proeza a una criatura impensable. Nada. No podía ser verdad, nada de aquello podría haber sido creído, igual que estas palabras, que el inteligente lector reconocerá tan útiles a un propósito, como falsas, merecedoras de otro incendio.