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El protector de ciudadanos
NECROFILIA EN CHACARITA (segunda parte)
En mis años de periodista nunca me había pasado una cosa así. Estuve meses investigando y nunca llegué a la verdad. Recuerdo que un día de verano llegó una carta de lector a la redacción de una chica, Ana…Ana Rinaldi es su nombre… Me relataba la historia de su hermana Sofía pero realmente era un delirio así que preferí citarla a una reunión para que me contara con más detalles.
“Era un viernes de verano, un aire pesado nos invadió en casa y decidimos ir a dar una vuelta”, se acuerda Ana. Salieron por su barrio, Chacarita, y se sintieron atraídas por la música de un bar, aunque por afuera parecía un lugar de mala muerte. “Nos quedamos sentadas en una mesita cerca de la ventana tomando unas cervezas cuando un flaco la invitó a Sofía a bailar un tema de Los Redondos”. Ana cuenta que después de verlos bailar un rato, de invitarla con un trago y de darse unos besos, él le da su teléfono. “Sofía volvió a la mesa muy entusiasmada porque el chico era del barrio y la había pasado muy bien. Por suerte encuentro algo real, me decía Sofi. ” Según cuenta, ya eran como las 3 am así que emprendieron el retorno. Sofía, al llegar a la casa se fue a duchar y Ana ya se había dormido. Al parecer, Sofía no logró descansar bien aquella noche pro una molestia que tenía en la cara.
Al día siguiente, ya no aguantaba las picaduras y se fue a mirar al espejo. “Pegó un grito que lo deben haber escuchado hasta los vecinos – recuerda Ana – y llorando me mostró lo que tenía para ver si podía ayudarla. Pero yo soy estudiante de Medicina así que parecía una dermatitis pero no podía asegurarle nada y le dije que tenía que hacerse estudios. Ella se negó totalmente. Sólo quería algo que le curase la picazón”. Así pasaron unos días, Sofía no estaba más molesta pero su mancha en la piel crecía. “Ella sólo se lo tapaba con maquillaje”. Esa noche, habló con el chico que había conocido y Ana escuchó que al día siguiente ella iba a ir a su casa. Ana se desesperó porque no entendía la relación entre lo que tenía en la cara y que coincidía con aquella noche donde se conocieron. Como aspirante a médica tenía ciertas facilidades de acceso a un laboratorio y decidió mandar a analizar una muestra de sangre para averiguar qué tipo de bacteria tenía. Si su hermana no había querido ir, ella lo tenía que hacer por las malas. Así fue que le robo un pañuelo con manchas de sangre y se lo llevó. Sofía brillaba de la felicidad que tenía. “Hace mucho que no la veía tan entusiasmada por haber conocido a alguien”. Según Ana, la hermana se pasó horas encerrada en el baño arreglándose y dejó toda su habitación hecha un quilombo de la ropa que se probó. Mientras, Ana se fue a buscar los resultados. Cuando llega al laboratorio, los resultados del hepatograma se los entrega un médico que le dice que se siente, que no se vaya tan rápido. “El médico me hace una serie de preguntas. Quería saber de quién eran los estudios, desde cuando lo tenía y en contacto con quien había estado. “La persona tiene hespectococos mortis, una bacteria que sólo se transmite a través del contacto con muertos”, asegura muy seriamente el médico. Ana quedó atónita. No entendía lo que estaba sucediendo. “Esta persona tuvo contacto con algún muerto o estuvo con alguien que estuvo en contacto con muertos. No hay margen de error en estos resultados por más extraño que parezca”. Ana se levantó y salió corriendo. “¡Tenía que frenarla!”, pensó Ana.
Agitada, entró a su casa pero su hermana ya no estaba. Empezó a dar vueltas por el living sin sentido pensando qué podía hacer. ¿Dónde había anotado la dirección Sofía? ¿Cómo hacía para rescatarla? Mientras se preguntaba y revolvía papeles en su casa en busca de algún índice que le informara donde era la casa de ese chico le vino una sensación horrible al cuerpo, como unas ganas de vomitar mezclado con un estremecimiento del cuerpo y miedo. Se le venían a la cabeza las palabras del médico: “Esta persona tuvo contacto con algún muerto o estuvo con alguien que estuvo en contacto con muertos. No hay margen de error en estos resultados por más extraño que parezca”. Y de golpe Ana se preguntó si realmente tenía que rescatar a Sofía o si era su propia hermana…
NECROFILIA EN CHACARITA
No hace tanto, ni hace tan poco que…
Dos hermanas, Ana y Sofía Rinaldi, salieron una noche de verano a un bar de la Chacarita. Pasada la media noche Sofía conoció ahí a un chico que la atrajo demasiado y, como es lógico, luego de charlar un poco, intercambiaron sus números de teléfono y nombres. Muchos informantes también comentan que el chico la invitó a su casa aquella noche pero que por algún motivo ella se negó.
Pasada esa noche, Sofía despertó y vio su cara cubierta por un extraño sarpullido. A su hermana Ana, estudiante medicina, le resultó extraño, sintió intriga y comenzó a investigar por Internet. Preocupada ordenó un estudio para saber de qué clase de bacteria se trataba.
Mientras tanto, Sofía seguía hablando del chico y de sus ganas de volver a verlo. Habló con él entre semana y coordinaron para verse. Las marcas en su piel aumentaban y seguían empeorando.
A los pocos días, maquillaje mediante, Sofía partió para su encuentro con Miguel. A los pocos minutos de su salida, Ana recibió los resultados del hepatograma. Se trataba de un hespectococos mortis, una bacteria que sólo se transmite a través del contacto con muertos. O forense o necrófilo, Miguel era sospechoso. Había que rescatar a Sofía.
Ana corrió al departamento de Miguel para alertarla del peligro al que se estaba exponiendo en ese encuentro. Sin embargo, ¿Miguel era victimario o víctima? ¿Quién era el verdadero peligro?
Leyenda, historia real, mito o invención de alguien con negra, macabra u horrible imaginación. Una historia de necrofilia que nos puede erizar la piel o helar la sangre. ¿Verdad? ¿Mentira? Nadie lo sabe. Pero lo cierto es que este mito urbano discurrió por las calles de Buenos Aires hasta penetrar en los más recónditos lugares de cada barrio. Con el tiempo no fue sólo el necrófilo de Chacarita sino que en cada lugarcito de Buenos Aires tomó un tinte diferente. Algunos solitarios noctámbulos deambulando por las calles fueron incluso difamados bajo este mito…
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