Perdámonos un poco en las estrellas. Contemplemos el cielo. Si hay algo sobre lo que se escribe, se habla, se fantasea, o se estudia con el rigor de la ciencia, es el cosmos y la posibilidad latente de que la vida exista también allí. Nosotros, hombres y mujeres de la modernidad, racionales hasta la médula, no nos permitiríamos creer en aquello sin una prueba fehaciente de su existencia. Los locos sí.
Según parece hace algunos años un nuevo interno llegó al Hospital de Salud Mental J. T. Borda del barrio de Barracas. Se hacía llamar Solaris, hablaba en un idioma del que nadie tenía idea, vestía túnicas esplendorosas, tenía ojos profundos y grandes, era lampiño y singularmente atrayente. Los compañeros de Solaris en el Borda no pudieron entender el rechazo de los médicos a la condición claramente extraterrestre de Solaris. El tipo armaba fiestas “energéticas”, frenéticas, increíbles, de otro planeta. Tremendo desapego a las formas sólo podría ser obra de un loco más, pero Solaris era distinto según los internos.
Desapareció de los pasillos del hospital un 25 de diciembre dejando sólo algunos escritos, escondidos por algún agente de la burocracia hospitalaria, resentido dirigente de la racionalidad. Según parece las notas de Solaris eran indescifrables, pero guardaban alguna coherencia. Lo que no entraba en la cabeza de nadie era la imposibilidad de averiguar su grupo sanguíneo. La ciencia, como la religión, siempre encontrará algún vericueto para arreglárselas, pero sin embargo, siempre, qué temibles serán quienes atenten contra las seguridades de los hombres.
Según parece hace algunos años un nuevo interno llegó al Hospital de Salud Mental J. T. Borda del barrio de Barracas. Se hacía llamar Solaris, hablaba en un idioma del que nadie tenía idea, vestía túnicas esplendorosas, tenía ojos profundos y grandes, era lampiño y singularmente atrayente. Los compañeros de Solaris en el Borda no pudieron entender el rechazo de los médicos a la condición claramente extraterrestre de Solaris. El tipo armaba fiestas “energéticas”, frenéticas, increíbles, de otro planeta. Tremendo desapego a las formas sólo podría ser obra de un loco más, pero Solaris era distinto según los internos.
Desapareció de los pasillos del hospital un 25 de diciembre dejando sólo algunos escritos, escondidos por algún agente de la burocracia hospitalaria, resentido dirigente de la racionalidad. Según parece las notas de Solaris eran indescifrables, pero guardaban alguna coherencia. Lo que no entraba en la cabeza de nadie era la imposibilidad de averiguar su grupo sanguíneo. La ciencia, como la religión, siempre encontrará algún vericueto para arreglárselas, pero sin embargo, siempre, qué temibles serán quienes atenten contra las seguridades de los hombres.
Un extraño entre los extraños del Borda, cuya luz iluminará lo que sigue…
¿Y ustedes? ¿Qué historias similares conocen?
muy bueno!! pero no pude averiguar en ningun lado CUANDO fue... -.- se dice que se reunía siempre masomenos con 50 internos para recitar un mantra... en el que los testigos afirmaban que se iluminaba... suerte con el blog que esta muy bueno!
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