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Una Venganza un tanto particular


En los inicios del el siglo XVIII, los Anchorena vivía en el barrio de Retiro, en el actual Palacio San Martín. Hacia 1920 la familia, reconocida por su posición en la aristocracia, que supo ser dueña de más de ciento cincuenta sirvientes y gran parte de nuestro país, decidió construir una Iglesia como futuro sepulcro familiar a la que bautizarían con el nombre de Santísimo Sacramento.
Paralela y ocultamente, un integrante de la familia se había enamorado perdidamente de una mujer con apellido Kavanagh, de linaje acaudalado pero no patricio. Debido a cuestiones de status, el romance no fue aprobado por la familia Anchorena y esto rivalizó a las familias, interrumpiendo lo que podría haber sido una hermosa historia de amor.
Una mañana de aquel decenio, Corina Kavanagh, madre de la joven, entró a la habitación de su hija y la vio derramando lágrimas de tristeza y desánimo. Enfurecida, la madre comenzó a pensar y diagramar un plan para golpear a la familia Anchorena. . Los envenenaría, delataría frente al pueblo su cinismo, destruiría su hogar. Pero ninguna de estas venganzas la convencía.
Estuvo una semana espiando y persiguiendo a la familia encapuchada con su piloto negro. Hasta que un día, se detuvo en el banco de la plaza más cercana a su casa y dijo para sus adentros: "la muerte no duele, destruye, para lastimar a una familia histórica hay que corromper su ego, pues entonces cometeré una venganza arquitectónica". Corrió a su alcoba y comenzó a escribir: "Valiéndonos de su envidiada posición económica de la época y con los abundantes recursos de su riqueza, construiremos en las calles Florida y San Martín, un edificio único en su época por tamaño y estilo cuyo requisito fundamental sea el impedimento de la vista desde el palacio Anchorena a la iglesia del Santísimo Sacramento, alterando, entre otras cosas, todo el ritual religioso nocturno de la familia ofensora" (Fuente).
Con mucho trabajo este proyecto se llevó a cabo, convirtiéndose el edificio Kavanagh en uno de los más importantes de esa época, en la Ciudad de Buenos Aires.
Cuenta la leyenda que hoy día, la familia de la joven afectada sigue esperando con orgullo, la venganza de Los Anchorena, quienes a pesar de esto, nunca perdieron su posición en nuestra ciudad.


¿Conocen el mito? ¿Viven cerca?


¡La otra Campana!


Venganza, despecho, amoríos, quedan fuera de esta historia que fundamenta la construcción del edificio Kavanagh en el interés por la vanguardia y el dinero de una joven estanciera de origen irlandés.

Se trata de Corina Kavanagh, una hermosa y decidida mujer proveniente de una familia enriquecida, de aquellas llamadas “nuevos ricos”, por cuya sangre no corría linaje patricio pero sí ansias de trascender. Así es que esta joven, dejándose llevar por su ambición, decidió construir un edificio en la década de 1930 con la finalidad de vivir de rentas. Sin embargo, no iba a alquilarle departamentos a cualquiera, sino a jóvenes de las familias ricas de Buenos Aires.
Claro estaba que no podía tratarse de una zona y edificio cualquiera, por eso la joven vendió dos de sus estancias e invirtió en un terreno sobre la barranca que da a la Plaza San Martín, un triángulo que forman la unión de las calles Florida y San Martín, una de las zonas más cotizadas de la Ciudad. Hoy se erige allí el edificio Kavanagh, caracterizado por sus instalaciones de lujo y confort.
















4 comentarios:

  1. No se mucho de estas historias, pero se dice que el subte "A" es un lugar muy propicio para este tipo de cosas, sobre todo en la estación de Primera Junta...

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  2. Nos querés contar qué te dijeron de eso?

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  3. Ahi varias, desde una mina que se iba a casar y se tiro nose porque corno en las vias (y que hace un tiempo aparece por las estaciones) hasta una supuesta estacion "fanstasma" entre Pasco y Alberdi. Ah! y algo mas que no me acuerdo de un boletero. Mezclé todo, pero es el subte porteño por excelencia, y ahi hay mucha data de leyendas capitalinas. Busquen material que van a encontrar, suerte!

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